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Resumen

04/09/2004

Ars Electronica

timeshift_sujet.jpgPronosticar cómo será el arte del futuro, el arte electrónico del futuro, es una tarea extremadamente arriesgada para la que no dispongo, me temo, de suficientes elementos de juicio. Cambia uno de pasatiempo y acaba más descolocado que un bikini de dos piezas extraviado en las heladas estepas de Siberia. Es una cuestión de reglas. Andaba repasando los materiales de estudio, los diversos apuntes de la investigación, pero los apuntes, a veces, no se corresponden en nada con lo observado; lo observado, en algunas ocasiones, tiene un aspecto bastante sospechoso. ¿Qué clase de objeto -me pregunto- es una interfaz que utiliza las ondas cerebrales para controlar las funciones de un ordenador? ¿Cómo revela este objeto la Verdad de su desvelamiento alejada del concepto científico y de la adecuación objeto-sujeto? ¿Cuándo sabemos, ante su sola presencia, que nos encontramos realmente ante una obra de arte? Una primera aproximación ya revela, sin intermediación previa de guiños teóricos o de zancadillas conceptuales, lo complicado del asunto. Me sitúo (imaginariamente) ante una exposición de coches cuya velocidad es generada por la simulación del ruido del motor por parte de los participantes. Esta exposición ¿qué clase de significación anticipa? ¿Cómo sabemos con exactitud que no estamos ante una simple competición deportiva animada por hooligans cantores? Lo reconozco: posiblemente tardaré algún tiempo en acostumbrarme. Ars Electronica, el célebre festival austriaco, celebra con la presente edición sus primeros 25 años, pero a estas alturas no logro entender porqué se habla allí de Arte Electrónico y no de Arte y Electrónica; no acabo de situar algunos objetos que se presentan ante mí como si fueran cosas simples, útiles o herramientas. Será el futuro que se asoma a lo posible con ese grado de libertad del que esperamos tantas novedades. "El objetivo -ha declarado Gerfried Stocker, director del festival y del Ars Electronica Center- es utilizar la rica historia de Ars Electronica para estimular un diálogo sobre el futuro". ¡Quién sabe! En un escrito de introducción para una serie de programas de televisión dedicados al net.art, del espacio Metrópolis de TVE, José Luis Brea escribía, hace un par de años, lo siguiente:

El presente verdadero es sobre todo la tensión que abre lo que hay en su incertidumbre hacia lo posible, hacia un porvenir indefinido, hacia el futuro. Así, todo arte de su tiempo es, necesariamente, pregunta (y videncia) por lo que habrá de venir, por lo indecidido. Los tiempos en que el arte era monumento a la memoria y el recuerdo, o testimonio de acumulación secular de los hallazgos de lo humano han quedado atrás. Para la nueva cultura, en efecto, es el futuro el único horizonte de saber. Lo que importa es el valor interpretativo que las producciones culturales poseen de cara a su capacidad para producir el futuro, el porvenir.

Quizás el valor interpretativo, cegado por la potencia luminosa de distintos aparatos conectados, no necesite ya de entes desocultados brillando a la luz de una especial objetividad; puede que la luz de estos aparatos sea tan poderosa que baste sólo con el desarrollo de su propia energía para producir el futuro, el porvenir. Aunque también pudiera ser que, ante dicha demostración de potencia, el valor interpretativo del arte del futuro no fuera más que el anuncio inminente de un apagón portentoso, de una crisis energética. No obstante, con los apuntes encima de la mesa, tampoco puedo aportar mucho más a este incipiente debate: mis pilas son demasiado antiguas como para jugar con ellas al novedoso juego del Oráculo. Eso sí, puedo pasar la hoja con cuidado y aprovechar la oportunidad que se me brinda para continuar citando; ustedes sabrán disculparme, pero el proceso riguroso de investigación tiene estas cosas. ¿Controlar las funciones de un ordenador, decíamos? Como escribió en su día Félix de Azúa la potencia simbólica de la obra de arte es inexplicable con la metodología de las tecnociencias. ¿O es que estamos hablando únicamente de enchufes y electricistas?
04/09/2004 00:48 #. Hay 2 comentarios.

07/09/2004

La joven de la perla

PERLA1.jpgSi la historia que cuentan es cierta (la historia que me cuentan ahora en su versión cinematográfica) la intuición con la luz y el color bien podría ser, en algunos casos, sencillamente espontánea, alejada de experimentos tortuosos y de soportes técnicos o teóricos. El dueño de dicho don estaría entonces en posesión de una habilidad prodigiosa; el artista, en cambio, obsesionado en su juego de reposado perfeccionismo, no vería aquello que está a la vista de todos los mortales, pero que sólo unos pocos sabrían valorar en su justa medida. El color, incluso en su pigmentación más electrónica, es nuestra propia obra de arte, puesto que nada en la naturaleza goza de tal cualidad por si mismo, sin la sensación o impresión producida por nuestro propio sistema sensorial, sin la ayuda mágica de nuestra presencia. El color, ante nosotros, sólo espera detenidamente una primera llamada de atención o el instante maduro para un reflejo. Una gama de tonalidades fantásticas trabaja ya para la nueva generación de los tintes electrónicos. 14.000 tonalidades aguardan en el viejo catálogo de Chevreuil o un único color en un lienzo de Malevich, en Ryman o en Reinhardt. La luz sería el complemento perfecto para el milagro completo, acelerando en las células que trabajan en nuestras retinas el espectáculo final de este proceso. Buscar la luz puede ser la historia de un artesano buscador de perlas, o de un ilusionista aventajado que es ya dueño de una perla y que sabe el momento exacto y en qué lugar preciso; el cómo, el dónde y el cuándo. Scarlett Johansson mira pudorosamente a Vermeer mientras humedece, inocente, sus labios; pero Vermeer hace ya mucho tiempo que supo encontrar su perla y elegir para ella su momento de gloria. Esa mezcla de luz y de color puede presentarse también ante nosotros en cualquier momento y será el fruto de la intuición pero también puede ser el producto de un duro trabajo. Es la obra de todos los días y, sin embargo, para capturarla, dudo mucho que baste con mantener los ojos bien abiertos. Si la historia que cuentan es cierta, algunos lo tienen muy fácil; otros, sin embargo, debemos seguir buscando.
07/09/2004 20:19 #. Hay 6 comentarios.

10/09/2004

Laocoonte devorado

expo_lao6Marc.jpgMarc Bijl, La Rivoluzione siamo noi, 2002.

Si yo fuera un artista de verdad, un verdadero artista, tendría más que dificultades para tratar de construir un signo, un relato o un simple símbolo que explicara o ilustrara lo sucedido, en los primeros días de este mes de septiembre, en la lejana población de Beslán, en la república rusa de Osetia del Norte. No siempre cumple uno con sus obligaciones mínimas, con aquello que te identifica con lo que realmente eres o al menos deberías tratar de ser; confieso que, anestesiado por la calma de las últimas horas veraniegas, he negado con sumo cuidado todas las portadas de los diarios, todas las cabeceras de los noticiarios televisivos, convencido de que esta vez el horror era como en otras ocasiones, pero que también era diferente. Al fin y al cabo, no he hecho otra cosa que lo aconsejado por Peter Sloterdijk para enfrentar con éxito la amenaza del terrorismo: ignorarlo. Como entretenedores armados, afirma el filósofo alemán, los terroristas interpretan nuestro sistema de medios de comunicación transformando el terrorismo en una cultura del entretenimiento; los medios, según este análisis, serían meros cómplices en una competición de fascinaciones. Pero yo he negado la noticia por otro motivo: he procurado mantenerla alejada más bien por miedo; miedo a que lo terrible alterara mi propia tranquilidad, miedo a que la muerte me arrastrara de nuevo al circulo impasible de las preguntas. Además, creo que Sloterdijk se distancia con extrema facilidad del fenómeno olvidando la dificultad que supone ignorar la explosión más cercana o la imposibilidad que tienen las víctimas de desconocer su propio destino. ¿Cómo ignorar aquello que te transforma? ¿Cómo ignorar aquello que puede matarte, aquello que en realidad acaba matándote? En cuanto análisis de medios y propaganda, las palabras de Sloterdijk pueden tener alguna utilidad; como ejemplo de mirada hacia lo humano, no pasan de insignificante comentario. He procurado mantener alejado aquello que me asusta porque, en el fondo, no me siento con fuerzas para asumirlo; asumir su cercanía trágica en el espacio y en el tiempo, asumir su evidente posibilidad y su lógica asesina.

Si yo fuera un artista de verdad, un verdadero artista, no estaría aquí experimentando autojustificaciones, perdiendo, sin más, el tiempo: estaría creando una verdadera obra de arte que ayudara a los demás (que me ayudara incluso a mí mismo) a explicar y a soportar lo insoportable; esa podría ser una razón comprensible para un verdadero artista, para un artista de verdad, si bien la visión de los artistas puede ser tan múltiple y variada como las distintas visiones del mundo y del arte. La violencia política, además, ofrece numerosas lecturas, infinitos matices e interpretaciones a las que los artistas no han permanecido inmunes. Laocoonte devorado, Arte y violencia política, es el título de la exposición que hasta el 3 de Octubre puede verse en el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo; es decir, en algún lugar del mundo un artista ha procurado ya encontrar explicaciones a lo inexplicable, aportar su visión personal del asunto. Como se puede leer en uno de los textos de introducción a la exposición, cada día son más los inocentes que terminan pagando con su vida el coste virulento de un conflicto desatado por otros y, para mayor absurdo, esta muerte no es comprendida por quienes la contemplan; cada día que pasa Laocoonte es devorado por una maquinaria incontrolada. ¿Cómo ignorar aquello que te transforma? ¿Cómo ignorar aquello que puede matarte, aquello que en realidad acaba matándote?

Los días posteriores al atentado del 11M en Madrid, tuve un complejo obsesivo de blanco móvil. Es cierto que, con el paso de la horas, con el devenir incesante de los segundos, uno vuelve poco a poco a la normalidad, al entretenido pasatiempo de intercambios y esfuerzos; pero también es cierto que algo cambió en mí en aquella jornada, en aquel triste día, aunque todavía no sepa bien en qué medida y cómo llega a manifestarse este cambio. Si yo fuera un artista de verdad, un verdadero artista, quizás estuviera más cerca de entenderlo y entonces produciría una obra de arte que hablara de todo aquello de lo que me resulta tan difícil hablar, de todo aquello que procuro mantener siempre lejos. Entonces hablaría del Poder, del Poder y de la imposibilidad del diálogo; y hablaría de la educación, de la condición del suicida, y hablaría de lo trascendental, del amaestramiento social y cultural, impuro como la vida misma. Y entonces, a pesar de todo, más temprano que tarde, hablaría también de las causas porque, como dice el filósofo palestino Sari Nusseibeh el terrorismo debe ser tratado por un médico, no por otro paciente afectado por la misma enfermedad. El énfasis sobre las causas del terrorismo -escribió Arcadi Espada el 5 de septiembre- es directamente proporcional a la distancia entre el lugar del terrorista y el lugar del enfático. A mayor distancia de las bombas mayor insistencia en las causas. Los días posteriores al atentado del 11M en Madrid supe que nunca antes había tenido las bombas tan cerca, y no por ello dejé de pensar en las causas. Si yo fuera un artista de verdad no cerraría ninguna de las puertas, ni las más radicalmente horribles, para intentar acabar con la tragedia. No conviene olvidar que también nosotros, como Laocoonte, podemos ser devorados en cualquier momento por una maquinaria incontrolada. ¿Cómo ignorar aquello que te transforma? ¿Cómo ignorar aquello que puede matarte, aquello que en realidad acaba matándote?
10/09/2004 01:37 #. Hay 7 comentarios.

13/09/2004

La gran esperanza blanca

matrixbullet.jpgTodo juego procede ya de un juego anterior, de un juego que alguien lleva tiempo jugando. La gran esperanza blanca muestra así sus cartas. El futuro deberá organizarse como un enjambre espontáneo, o como un enjambre organizado, o no será nada. Esta será nuestra mejor arma para vencer al enemigo. El Estado es ya un bien anacrónico y no queda tiempo para los cuentos de espías. Jack London no pertenece a los relatos que habitan en nuestra época; es tan antiguo como los socios del Club de los Representantes o los miembros de las Comisiones de Investigación. Algunos de estos señores han pasado muy cerca, han tenido en sus manos aparatos y herramientas del presente, pero no han sabido interpretarlos; otros, en cambio, son piezas sin un recambio seguro. Los demás, si quieren sobrevivir, deberán aprender el idioma franco. Lo han escrito los profetas o, al menos, así lo hemos entendido nosotros. La gran esperanza blanca lleva tiempo proclamándolo: preparen las maletas, aprendan a ordenar las fronteras y el nuevo paladar cibergeográfico. Luego no digan que no les hemos avisado.

Pensar que un relato lleva en sí mismo una profunda carga de predicciones es querer avanzar demasiado. Bien, aceptemos que se trata de literatura de anticipación, de ciencia ficción o literatura fantástica. Al parecer, Julio Verne predijo la Internet, el Fax y la globalización en una obra de 1863. En París en el siglo XX, el telégrafo fotográfico, inventado en el siglo pasado por el profesor Giovanni Caselli, permitía enviar a cualquier parte del mundo el facsímil de cualquier escritura, autógrafo o dibujo, y firmar letras de cambio o contratos a diez mil kilómetros de distancia. Una máquina Lenoir, de 15 caballos de fuerza, copiaba sin pausa las cartas que quinientos empleados le iban entregando. Además, de forma solemne, en Londres, en 1903, dos científicos se pusieron en contacto después de hacer que sus despachos recorrieran toda la faz de la tierra. Sin embargo, a uno le gusta pensar que es posible un juego de lecturas infinitas; no existe la posibilidad de determinar cuál es la lectura "correcta". ¿De qué diablos estaba hablándonos Verne en su obra, qué diablos imaginamos nosotros al leerla? El texto, en sí mismo, no tiene ningún sentido o, al menos, no es posible su reducción a un único significado. Como escribe Félix de Azúa:

El cuentakilómetros marca velocidades vertiginosas, pero en realidad no nos movemos ni un centímetro.

En Transit of Earth (1971), Arthur C. Clarke vaticinó que el hombre llegaría a Marte en 1994; el mismo Clarke reconocía al comienzo del siglo XXI que podríamos considerarnos afortunados si lo conseguimos antes del 2010. Por otro lado, cuando Prelude to Space fue publicado en 1951, le pareció un exceso de optimismo sugerir que se llevaría a cabo una misión a la Luna en 1978; sin embargo, las cosas se adelantaron casi en una década a sus predicciones. Y el capítulo titulado The Century Syndrome, de su novela The Ghost from the Grand Banks, de 1990, fue quizá la primera crónica dirigida al público en general sobre el famoso efecto del año 2.000, en la que describía su causa y la forma de resolverlo. Bien, aceptemos que se trata de literatura de anticipación, de ciencia ficción o literatura fantástica, pero ¿deben mover los profetas a la acción o distribuyen únicamente octavillas presuntuosas donde juegan al juego posible de los "futuros posibles"? ¿No somos nosotros los que, con el paso del tiempo y el devenir de los hechos, confirmamos a nuestro antojo los sentidos y las coincidencias de todos los sucesos? ¿No somos nosotros los que, finalmente, damos vida al relato, al mismo texto?

Ruego disculpas: este texto/relato es simplemente un texto/juego. La predicción del enjambre resultaba mucho más sencilla: una de las herramientas básicas, entre otras muchas, para probar su eficacia, se mostraba ya ante nosotros jugando también en nuestras mesas. Lo demás es fruto del azar y de la coincidencia. El candidato a Presidente se asomó a la ventana y los móviles brillaron como planetas rebeldes. El, al parecer, no entendía nada; lo iría entendido, no cabe duda, con el paso del tiempo. Pero lo más importante se había producido: una confirmación absoluta entre la predicción y los deseos de los discípulos del escriba visionario. Está así escrito en todos los textos de informática. La crítica literaria, por lo demás, es un género de la literatura, pura literatura. Resulta mucho más divertido imaginar el pasado. Jorge Luis Borges lo sugiere en Nota para un cuento fantástico:

En Wisconsin o en Texas o en Alabama los chicos juegan a la guerra y los dos bandos son el Norte y el Sur. Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece, pero también sé imaginar que ese juego, que abarca más de un siglo y un continente, descubrirá algún día el arte divino de destejer el tiempo o, como dijo Pietro Damiano, de modificar el pasado.

Si ello acontece, si en el decurso de los largos juegos el Sur humilla al Norte, el hoy gravitará sobre el ayer y los hombres de Lee serán vencedores en Gettysburg en los primeros días de julio de 1863 y la mano de Donne podrá dar fin a su poema sobre las transmigraciones de un alma y el viejo hidalgo Alonso Quijano conocerá el amor de Dulcinea y los ocho mil sajones de Hastings derrotarán a los normandos, como antes derrotaron a los noruegos, y Pitágoras no reconocerá en un pórtico de Argos el escudo que usó cuando era Euforbo.

Los niños juegan nerviosos con sus juguetes inalámbricos, y nada tiene sentido; la rueda, mientras tanto, sigue girando. Los hombres, en cambio, hace tiempo que olvidaron los enjambres. Yo sé, escribió Borges: todos lo saben. ¿No somos nosotros los que, con el paso del tiempo y el devenir de los hechos, confirmamos a nuestro antojo los sentidos y las coincidencias de todos los sucesos? ¿No somos nosotros los que, finalmente, damos vida al relato, al mismo texto? No pretendemos confundirnos ante un sencillo problema de intoxicaciones. Esa historia, tan antigua como todas las historias, no merece la mención del futuro ni la sombra conectada de un profeta.
13/09/2004 03:35 #. Hay 1 comentario.

17/09/2004

Tres postales de agosto

tromba.jpgUNO: EL CONFORT GLOBAL

El confort global –tanto en materia estética como en materia energética- forma parte del proceso de cosificación inminente que todos nosotros protagonizamos con gran alborozo. Existen varios ejemplos técnicos (el cuerpo del delito: la clave afilada y rabiosa), y diversas pruebas concluyentes. La muerte en la bañera, por ejemplo, buscó desesperadamente su ecosistema artificial a base de plantas carnívoras y geografías escapistas. Ante todo, se dijo, un no saberse ahí más allá de la biografía, un no estar nunca en el momento indicado, en el lugar preciso; todo por la borda gracias a un desprecio incondicional y cobarde, un desprecio de sí misma y un desprecio del tiempo. Pero la solución al enigma no procede de un sistema de circuitos en permanente actividad, de un viaje continuo a las modas repetidas de lo cotidiano y a las técnicas conformistas del rebaño: el confort global, como todo el mundo sabe, es contrario al germen del aburrimiento necesario, y a veces una máquina engrasada necesita reposo absoluto, inactividad absoluta. La comunidad terapéutica de los adultos debe ser al fin reconocida como una colectividad de solitarios; indigentes, desnudos y solitarios. Para poder volver al proceso (K.), rejuvenecida, y ser ella misma de nuevo deberá comportarse con celo, sin drogas ni polvos innecesarios, sin vasos comunicantes ni materias aditivas. Sólo allí donde el confort no existe, en los márgenes o en las esquinas monocolores, espera el nacimiento de una nueva criatura o la fundación de una esfera. Los hijos de la moda buscarán en los intersticios de la elegancia el entretenimiento vulgar de los tontos. ¡Lástima que los aún por venir carezcan todavía de voz definida! O quizás ya hablan, ¡quién sabe!, y somos nosotros los que, ocupados en cuestiones bizantinas, nos mostramos impasibles e incapaces.

DOS: UN MUNDO FELIZ

Al parecer, somos lo que rozamos y rozamos lo que somos. ¿Somos lo que rozamos y rozamos lo que somos? Veamos. Entre las habilidades conocidas de los seres humanos no se encuentra, lamentablemente, lo que podríamos denominar consumo privado de elementos de primera necesidad, de primeras materias primas, entendiendo por consumo privado, eso sí, el apropiarse de lo consumido únicamente para uso propio, para beneficio propio, dejando al margen la globalización de excedentes varios y herencias orgánicas. Los humanos, al igual que las vacas, compartimos con la naturaleza nuestra apasionada aventura gastronómica, esa suma de placer, necesidad y contingencia que figura sobrescrita en nuestros genes. Y es que hay algunas cosas que, puestos a hacerlas, las hacemos muy a conciencia; y ésta, sin lugar a dudas, es una de ellas. Lo que hacemos poblando tierras, aguas y horizontes es como un dibujo aproximado de nuestro destino: a nuestro alrededor todo se nutre de nuestra viva presencia, de nuestro espíritu de posibilidad, y el mundo mundial (que, como todo el mundo sabe, es mundo desde que el mundo es mundo) va adoptando poco a poco nuestro marcado e inconfundible aspecto; algo más contaminado, claro está, pero al fin y al cabo la imagen viva de la decadencia. 24 millones de recetas de Prozac, dispensadas sólo en el año 2001, no pueden estar equivocadas. Ahora que la Agencia Británica del Medio Ambiente, citada por el diario The Observer, ha reconocido que el consumo de este medicamento es tan elevado en el Reino Unido que está presente incluso en el agua de uso doméstico, podemos dormir mucho más tranquilos. Somos lo que rozamos, sí, pero también, gracias a nuestro esfuerzo, la naturaleza es lo que nosotros rozamos. Adicta ya a la "píldora de la felicidad" la Madre Naturaleza podrá atender, a partir de ahora, sus múltiples y divertidos ataques de depresión, obsesión compulsiva, bulimia o pánico. En un palabra, tranquilizada y feliz, como la gran mayoría de los pacientes británicos, podrá observarnos como a verdaderos aliados de la cadena alimenticia, estrechando los lazos artificiales de nuestra ya de por sí difícil convivencia. Con el tiempo, los terremotos, los volcanes y los tsunamis serán trivialidades de un pasado muy remoto. La felicidad será tan evidente que Huxley regresará para contarlo.

TRES: IMÁGENES

Aprendieron a vivir sin imágenes o con imágenes verdaderas como un atardecer escarlata o el movimiento nervioso de un insecto. El sentido del tiempo, a principios de un siglo XXI todavía rural y sencillo, se aprehendía pacientemente de la mano de los astros celestes, de los movimientos elementales de la tierra y de los animales. Si aquello era el aburrimiento, aquel detenerse sin dificultad ante las piedras, a la sombra de las tareas domésticas, el aburrimiento era tan lógico como la piel cuarteada o los juegos de los niños. La imagen de un amanecer anticipado por un presentador de conversación científica era algo que sólo habían presenciado aquellos con familia en la capital, en alguna visita a los hijos que tenían su vida establecida en Granada. La Sierra, desde hacía muchos años, impedía la llegada del Mesías con la normalidad deseada, y los pocos aparatos disponibles en el pueblo sólo emitían figuras camufladas bajo manchas blanquecinas; como si de una metáfora se tratase la pantalla se cubría con miles de puntos de nieve y los viejos del lugar se quejaban amargamente en inviernos infinitos como montañas heladas. El sonido, sin embargo, podía trabajar su sensibilidad desde la fuerza telúrica de la naturaleza, pero también desde las ondas radiofónicas, aquellas voces imaginarias e invisibles que llenaban el ambiente de catástrofes, hazañas deportivas y mentiras. No estaban al margen del mundo, pero no es lo mismo ver el mundo iluminado e hipnótico, el mundo real de las imágenes televisivas, que imaginar el mundo o construir un mundo con imágenes verdaderas. Las imágenes verdaderas acaban cansando; la realidad es hermosa como el filo de una navaja, pero produce cortes profundos que tardan en cerrarse toda una vida. La luz eléctrica no llegó al municipio hasta los años 70; la carretera de acceso no estuvo lista hasta 1990. Durante décadas se hicieron intentos para traer hasta Tocón, en las laderas de Sierra Nevada, el estilo del mundo, pero todas ellas habían fracasado. Ahora, por fin, la instalación de un reemisor fantástico, una inversión de 47.961 euros, y una línea eléctrica de 1.750 metros han hecho posible el milagro: 8 canales de televisión, 4 analógicos y 4 digitales. Los 60 habitantes del pueblo, muchos de ellos ancianos, se sientan delante de la caja mágica y notan que algo cambia definitivamente. Quizás la muerte estaba cerca, pero ahora ya no piensan en morirse. Algo se mueve ante sus ojos y empiezan a entender un mundo que antes se encontraba escondido. Algunos de ellos han visto por primera vez el amor, un asesinato terrible en las calles de Nueva York, el rostro infantil de un Presidente. También aquellos programas donde los invitados se sacan los ojos en directo mostrándolos desnudos, a la vista de todos. Ahora los viejos de Tocón ya no piensan en morirse. Han visto la luz divina y quieren disfrutar eternamente de la ceguera. Eso sí, ante las líneas inteligibles de la pantalla mágica, en el mundo de las imágenes reales, en otra dimensión desconocida.
17/09/2004 11:10 #. Hay 5 comentarios.

20/09/2004

Construir es habitar

241.jpgGUGGENHEIM MUSEUM BILBAO. Kjeld Kjeldsen, Louisiana Museum.

Vicente Verdú, a propósito de la Bienal de Arquitectura de Venecia:

A fuerza de abocarse nuestro tiempo a la pantalla, la realidad virtual se ha abocado sobre nuestras vidas. Las comunidades virtuales en la Red prestándose información, compañía y emociones han metamorfoseado los contenidos de la experiencia actual. Y lo mismo pasa en el diseño y la arquitectura. El computer program CAD y sus variantes han transformado la moda, los coches y los muebles como el Catia a la manera de proyectar. Los edificios parecen a veces una partida de entregas orgánicas pero no son propiamente orgánicos sino informáticos, aunque en los primeros ensayos de Arata Isozaki (palacio San Jordi) o los recientes de Foster (el falo londinense, el "testículo de cristal" municipal), Paul Andreu ("intestino" hundido de la pasarela en Charles de Gaulle) o Renzo Piano (abdomen para el Parque de la Música en Roma) se definan así.

En un rincón de mi pequeña terraza, hundida en la tierra negra de un macetero colgante, crece la primera cosecha de pimientos y guindillas, extraña y orgullosa, alimentada por el sol de agosto. No son éstas las únicas flores alternativas de mi jardín urbano; en otro macetero cercano también reposan ramitas de perejil y olorosas matas de hierbabuena. Los apenas 50 metros cuadrados de mi vivienda están muy lejos de los efectos especiales que denuncia Verdú en su artículo. Mi bloque pertenece más bien a los proyectos de almacenamiento de masas perpetrados a mediados de los años 60 y, aunque en él predomina la línea recta, el peso y el soporte, la estructura y la envoltura, el equilibrio y lo real, está a años luz de parecerse ni de lejos a un conjunto definido de casas.

Porque lo real/real hace tiempo que está desacreditado y, como se ve en los documentales o en los reality shows, se ha convertido en espectáculo de representación. Es lo mismo que ocurre ahora en la arquitectura y que la Bienal refleja.

Pero, a diferencia de los edificios retratados por Verdú, mi bloque es real, quizás incluso demasiado real. La palabra arquitectura puede ser buscada en el lugar destinado a las Bellas Artes, pero también, qué duda cabe, en los artículos de uso general dedicados al negocio. A pesar de todo, en un rincón perdido de mi pequeña terraza, crecen los pimientos, las guindillas, perejil y hierbabuena. Cuando penetramos en la vivienda chocamos con mucha facilidad entre nosotros, y el ruido de los aparatos de sonido, el volumen infernal que acaba destrozando el silencio, rebota en las paredes con la misma fuerza que una bala perdida en el interior de un carro de combate. Aun así me gusta mi vivienda (no me atrevo a llamarla casa), y dedico la mayor parte de mi tiempo libre a tumbarme en cualquiera de sus esquinas. Antes, a través de sus ventanas, disfrutábamos de un pequeño bosque de plátanos y de unos pinos más antiguos que cualquiera de nuestros antiguos vecinos; ahora, la línea subterránea del metro y un futuro aparcamiento de automóviles, han despejado el paisaje. No obstante, el calor humano siempre nos salva; a veces, cuando entre todos logramos destejer una sonrisa o elegir entre las formas indistintas de lo humano, nos acercamos por fin a los que habitan.

En el habitar -escribió Martin Heidegger- descansa el ser del hombre, y descansa en el sentido del residir de los mortales en la tierra. Habitar: haber sido llevado a la paz, apriscado en lo libre que cuida toda cosa llevándola a su esencia. Aunque, claro está, a la mayoría de los arquitectos les importa una higa el olvido del ser, y no digamos ya el precio imposible de la vivienda. Construir, para Heidegger, era propiamente habitar porque para él se trataba de un proceso que debía procurar el crecimiento de los humanos. Humanos creciendo como plantas en hogares verdaderos. Humanos a buen recaudo, rodeados de significado.

¿Significado? Podría parecer que las urgencias de los más necesitados no dejan lugar alguno para hablar de significado.

Contra el arte de la arquitectura -señala Félix de Azúa- suelen emplearse argumentos que hablan de la urgencia con la que debe darse techo a las pobres gentes, etc. Pero es un argumento que sólo aparece cuando ya ha comenzado a trabajar la empresa constructora. Nunca antes. La empresa constructora siempre tiene prisa. Los resultados suelen ser apresurados.

El Wittgenstein arquitecto, por el contrario, construyó una hermosa casa para su hermana, una casa filosófica, habitable; pero Wittgenstein tenía muy claro en qué sentido se desarrollaba ya la arquitectura:

La arquitectura existe para inmortalizar o glorificar alguna cosa. Así que mal puede haber arquitectura cuando no queda nada para glorificar.

Entre los efectos especiales de Frank Gehry y compañía, y las distintas variedades de almacenamiento humano, se desarrolla el decorado del teatro del mundo. Dudo mucho que, en mi vivienda, rodeado de todas las formas posibles de ruido, en un espacio levantado a espaldas de un programa significativo que le dote de sentido, ajeno al lugar donde se alza, pueda alcanzar en algún momento la paz deseada. Aunque al menos, como consuelo, mientras los ángeles del andamio perforan la tierra o inventan toneladas de cemento, podré disfrutar de mi primera cosecha de pimientos.
20/09/2004 12:14 #. Hay 8 comentarios.

23/09/2004

Pescando

PICT4548[1].jpgPescando, fotografía de Carmen Aguado.

Sólo he pescado una vez en mi vida. Fue en verano, hace dos o tres años, en un riachuelo de Cáceres cuyo nombre he olvidado. Conservo un grato recuerdo, pero he de reconocer que la experiencia no fue demasiado productiva. El sedal iba y venía con la insistencia de los ciclos cósmicos, dibujando elípticas derrotas y obtusos laberintos, enredándose en todos los objetos con la ineficacia de un aprendiz borracho. Al final, salvado por la campana, una pequeña pieza se insinuó a última hora; una presencia de plata, como un recordatorio. Toda una tarde de esfuerzo para nada.

Siempre he pensado que se pueden tener felices ideas pescando, quizá porque siempre he imaginado la pesca unida a la paciencia y al silencio. La pesca que a mi me interesa, al menos, se corresponde con estas cualidades. Si puedo acompañar esta imagen con una buena pipa de tabaco, la forma idílica del sueño queda acabada; pero esto son tan sólo ensoñaciones, pequeñas quimeras de urbanita. Sólo he pescado una vez en mi vida y, además, se me escapó la inspiración escuchando los consejos de los expertos, la conversación intermitente de los necios.

Pescar ideas o pescar imágenes. El firmamento –como escribió Lawrence Ferlinghetti- está despejado para el pescador a pesar de las nubes oscuras. También para el pescador de ideas el atardecer es un mar de tranquilidad que se refleja en el cielo. El pescador de imágenes captura el momento para inmortalizar los efectos benéficos de una línea rojiza; una línea de luz que se desangra elemental y fronteriza; una línea de luz que se nos muestra con fuerza descerrajando el lienzo de la tarde, quebrando el azul en dos partes.

Aprender la práctica de un arte es conocer las reglas que lo hacen posible. Carmen Aguado es una excelente pescadora de imágenes y una pintora realmente laboriosa. Puede pintar un desnudo, el peine del viento, o un grupo de flores tranquilas con la misma facilidad con la que otros nos dedicamos a la más absoluta de las nadas. Aunque lo mejor viene cuando le sale la vena pescadora y, delante del lienzo, nos captura una estación ferroviaria o un magnífico tren en movimiento. La imagen, entonces, se fija ante nosotros con la nerviosa elegancia de las vísperas. Hacemos las maletas sin dudarlo porque llega el momento del viaje. Viajamos, sí; ya casi estamos en marcha.

El poeta -escribió Antonio Machado- es un pescador, no de peces, sino de pescados vivos; entendámosnos: de peces que puedan vivir después de pescados.

Pescar ideas o pescar imágenes: la línea de la luz que se desangra, en la fotografía de Carmen Aguado, parece siempre en movimiento; por ella transita el infinito como en una autopista prodigiosa. Las imágenes de Carmen permanecen vivaces después de capturadas. Guardan en sí mismas la poética de los gestos sencillos y de las cosas cotidianas.
23/09/2004 09:46 #. Hay 8 comentarios.

26/09/2004

Maratón Man

bikila2.jpgEn el fondo, nuestros más eminentes bomberos tienen alma insurrecta de incendiarios. Bien es cierto que, a pesar de las apariencias, el negocio mercantil siempre es el negocio, pero anteponer el marketing al rigor documentado, asumir este riesgo, es como nombrar a la bicha en el peor de los momentos. Basta con observar la lucha denodada por el poder en todas las cabeceras informativas, esa guerra quejumbrosa de gallos desmelenados en supuesta posesión de la verdad absoluta, esa amenaza constante donde nosotros terminamos por aparecer como las verdaderas víctimas. En cambio, la jubilación forzosa o voluntaria invita a trabajar muy concentrado; a pasear por Washington una noche de septiembre a la luz de una luna de plomo, descifrando crucigramas, o a teorizar, desde la última página del diario, sobre el poder curativo de las piedras. Al fin y al cabo, como diríamos acaso si alguien nos preguntara, la realpolitik era esto. La teoría de la realpolitk jubilada aparece ante nosotros protegida por cierto desconcierto new age, por una constante revisión de la historia y un importante grupo de alucinadas peroratas; es decir, potenciada por un conjunto de conservantes y colorantes para un proceso final de alimentación fraudulenta. En el menú, el buen talante humanista se sirve a los postres con el trabajo sucio recién terminado, y los astilleros, ya calcinados, a pesar de los guiños y de las promesas, a un paso de cumplir la anunciada caducidad de su propia fecha. La compañía telefónica de turno me estafa nuevamente (¡quince días sin línea telefónica!), como no podía ser menos, y sólo me queda el consuelo de sentir el placer, ahora encarecido, de una lucha virtual contra nadie y contra nada; o eso, o correr la maratón de los mortales y endurecer el espíritu con marcado acento espartano. No estar de nuevo (es decir: aprovechar la más mínima ocasión para salir corriendo) se nos presenta como una urgencia demasiadas veces postergada. ¡El deporte, al fin y al cabo, dirán algunos, es el deporte! En realidad, yo sé que se trata tan sólo de obsesiones, pero evitarlas me resulta tan difícil como evitar cambiar en el dial la voz post-prehistórica de Eduardo. Finalmente, la teoría de la realpolitik jubilada aparenta soluciones ventajosas para corazones viejos: cada loco –es un decir- con su espacio de poder y con su tema; o bien: dime qué fanatismo profesas y te diré quién eres; o no te lo diré ¡quién sabe!

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el self made man ex-number one pretende hacernos creer que fue Tariq el verdadero descubridor de America, nombrando sin pudor a la bicha ante un auditorio entregado, y desenterrando una teoría de la cuestión esencialista tan inoportuna como injustificada. Antonio Elorza, por ejemplo, le dedica unas líneas (a él, y al buen talante humanista) en La espada de Tariq, recordándonos de paso que no es oro todo lo que reluce y que las apuestas equivocadas conducen, irremediablemente, a callejones sin salida.

El círculo se cierra: los de Al Qaeda reivindican la invasión de hace trece siglos y Aznar cree que es lo mismo Al Qaeda que aquella empresa victoriosa. Los primeros están en su papel y, tristemente, Aznar está en el suyo de elaborar un discurso maníqueo y primario.

Y, más adelante:

Por lo mismo, resulta indispensable buscar una tajante alternativa, basada en el replanteamiento de las relaciones con el mundo musulmán, si no en el sentido de una idealizada alianza, por lo menos buscando un acercamiento y una comprensión recíproca que rectifique los desastres de Palestina e Irak. El diálogo de las culturas y una política de justicia en las relaciones políticas y económicas constituyen las premisas para corregir una trayectoria cargada de errores.

De vez en cuando, además, y algo más tarde, para proteger las constantes vitáles de la crítica, unas gotas de filosofía inmunológica. Peter Sloterdijk, en Extrañamiento del mundo:

Rodeada de profetas, adivinos y pregoneros de toda calaña, la filosofía, nolens volens, se convierte en una escuela de expertos en "fanatismo comparado".

El filósofo alemán cita a su vez al escritor judío Amos Oz, que sufre en su propia carne las consecuencias del juego de los fanatismos enfrentados.

(Para más información: Mary Kaldor: Terrorismo Global. Mary Kaldor es directora del programa de Global Governance en London School of Economics and Political Science.)
26/09/2004 09:11 #. No hay comentarios. Comentar.

28/09/2004

La Herramienta

Desde hoy puede visitarse La Herramienta, Cuaderno de Observaciones o apuntes que nace con la pretensión de convertirse en pieza suplementaria de este blog y, como su propio nombre indica, instrumento o artefacto de enlace con la diversidad de los mundos virtuales. Aunque la Red está superpoblada de útiles como éste, llevaba tiempo pensando en dedicar das Mystische a las cuestiones derivadas de la estética, el arte o la filosofía del arte, y desviar otros temas que puedan interesarme puntualmente a otra bitácora o cuaderno suplementario. Esta es la idea; ya veremos cómo se desarrolla. Por el momento, quedan ustedes invitados a la inauguración de una nueva ventana electrónica. Las intenciones primeras irán cristalizando en virtud del azar o del futuro.
28/09/2004 17:21 #. No hay comentarios. Comentar.


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